Grupo colombiano negocia entrar al campo Perla con Eni y Repsol

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Julio A. López, editor jefe.- Un poderoso grupo empresarial colombiano negocia convertirse en el tercer socio del campo Perla, el mayor yacimiento de gas costa afuera de Venezuela, que operan la española Repsol y la italiana Eni. Según fuentes consultadas por The Daily Journal, las conversaciones avanzan con urgencia en despachos de abogados de Madrid y Roma, coordinadas desde firmas de inversión de Nueva York.

Según las mismas fuentes, el secretismo es tal que los representantes de Repsol y Eni en Venezuela han sido excluidos de las conversaciones para evitar filtraciones. Ninguna de las partes ha confirmado públicamente la negociación.

La operación coincide con lo que publicó Bloomberg a comienzos de octubre: Repsol y Eni, dueñas a partes iguales de la empresa Cardón IV, estudian vender parte de su participación en Perla para financiar su ampliación. Las compañías no han dicho qué porcentaje ofrecerían ni cuánto dinero buscan, y no han querido hacer comentarios al respecto.

Un gigante en el golfo de Venezuela

Perla, descubierto en 2009 en el golfo de Venezuela, frente a la península de Paraguaná, es uno de los mayores hallazgos de gas costa afuera de América Latina. Se estima que contiene entre 17 y 18 billones de pies cúbicos (Tcf) de gas. Ese volumen alcanzaría para abastecer a Colombia durante varias décadas, al ritmo actual de consumo del país, de unos 1.000 millones de pies cúbicos diarios.

Hoy el campo produce unos 580 millones de pies cúbicos diarios, cerca de un tercio del gas que consume Venezuela, y buena parte va a sus plantas termoeléctricas. Los socios planean llevar la producción a 1.200 millones con dos nuevas plataformas para 2028. También quieren exportar parte de ese gas a partir de finales de 2031, a través de una terminal flotante de gas natural licuado (GNL).

El gasoducto, pieza clave

La otra mitad del negocio es el gasoducto Antonio Ricaurte, de unos 225 kilómetros, que conecta La Guajira colombiana con el estado Zulia. Se construyó en 2007, transportó gas de Colombia a Venezuela hasta 2015 y lleva casi una década sin usarse. En marzo, ambos gobiernos acordaron un plan para reponer un tramo dañado de cinco kilómetros, con un costo estimado de hasta 30 millones de dólares.

Según fuentes de este medio, el gasoducto podría transportar unos 100 millones de pies cúbicos diarios, lo que equivale a cerca del 10% de la demanda colombiana. Esa cifra podría llegar a 300 millones si se construyen dos estaciones de compresión, una a cada lado de la frontera. Esa capacidad convierte al gasoducto en una de las piezas centrales de la negociación.

Colombia sedienta de gas

El interés colombiano tiene una explicación clara. El país dejó de autoabastecerse en 2024, sus reservas probadas cayeron casi un 39% entre 2022 y 2025 y hoy importa una parte cada vez mayor del gas que consume. Además, la llegada de El Niño, declarada el 8 de octubre, hará que las plantas termoeléctricas requieran aún más gas.

Venezuela, a su vez, necesita gas para sostener un sistema eléctrico que le falta más de 1.500 megavatios. Con reservas a pocos kilómetros de la frontera, es el proveedor natural de Colombia. Su gas llegaría por tubería, sin los costos de licuarlo, transportarlo por barco y volver a convertirlo en gas, que encarecen el GNL.

La señal de Ecopetrol

En ese contexto, algunas fuentes del sector ven de otra manera la decisión de Ecopetrol, anunciada el 19 de octubre, de declarar desiertos dos procesos de compra de GNL importado con contratos a cinco años. La empresa estatal alegó razones comerciales y prometió priorizar la producción nacional, en especial el proyecto Sirius. Sin embargo, el gas venezolano por tubería podría ser otra pieza de esa estrategia, y hay quienes creen que la empresa estaría al tanto de las negociaciones. Ecopetrol no se ha pronunciado al respecto.

Para cerrar un acuerdo habrá que superar varios obstáculos: los permisos del Departamento del Tesoro de Estados Unidos para hacer negocios con Petroleos de Venezuela, las condiciones de la nueva ley venezolana de hidrocarburos, la reparación del gasoducto y la necesidad de abastecer a Venezuela sin dejar de exportar. Si las conversaciones avanzan, el gas volvería a cruzar la frontera por el Antonio Ricaurte, esta vez de Venezuela hacia Colombia.

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