Una propuesta de US$1.225 millones para pagar con crudo la electricidad de los campos petroleros

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Julio A. López, editor jefe.- La idea es convertir el gas que hoy se quema en antorchas en electricidad para los campos petroleros y cobrar en barriles de crudo. Así se resume una propuesta de inversión de 1.225 millones de dólares para construir en Venezuela una central eléctrica de 350 megavatios. Esta propuesta la elaboró SAI Group International.

El documento, al que tuvo acceso este medio, describe un proyecto que utilizaría gas de Petroleos de Venezuela  para generar electricidad de manera estable. Esa energía se vendería a las petroleras de la Faja del Orinoco, cuyos pozos dejan de producir con cada apagón. A cambio, esas petroleras pagarían con crudo a precio rebajado, que una comercializadora internacional vendería fuera del país.

Un apagón que cuesta barriles

El punto de partida es el colapso del sistema eléctrico. Según la propuesta, Venezuela tiene unos 34.000 MW instalados, pero solo funcionan alrededor de 12.400 MW. El país arrastra un déficit permanente de cerca de 2.000 MW, y siete millones de hogares sufren cortes frecuentes. Mientras tanto, se queman sin aprovechar unos 2.000 millones de pies cúbicos diarios de gas que sale junto con el petróleo.

El documento menciona, además, 827 pozos de Chevron cerrados por fallas eléctricas y 300.000 barriles diarios que la industria deja de producir. Según sus promotores, la planta permitiría sumar entre 45.000 y 60.000 barriles diarios. El propio sector reconoce la necesidad: ejecutivos petroleros han señalado la falta de electricidad confiable como uno de los principales frenos para crecer, y desde enero el gobierno permite a las nuevas operadoras generar su propia energía.

Cómo funcionaría

El esquema se basa en una empresa creada exclusivamente para este proyecto, que construiría y operaría la planta. La electricidad se vendería mediante un contrato que obliga al comprador a pagar un mínimo, regido por la ley de Nueva York o por la inglesa, a un precio de referencia de 70 dólares por megavatio-hora. El crudo se entregaría con un descuento de 14 dólares por barril respecto del Brent. Todo el dinero pasaría por una cuenta de custodia en un banco internacional, que solo liberaría los fondos a medida que se comprueben los avances.

Los pagos se harían en cuatro etapas: 15% al firmar los contratos y obtener la licencia, 25% al comprar los equipos, 30% con la primera producción y 30% con la entrega del primer kilovatio o el primer barril exportado. SAI Group, tiene sede en Tomball, Texas, y operaciones en Anzoátegui y Monagas.

Rentable, con condiciones

El documento es inusualmente franco al exponer sus puntos débiles. Con la estructura actual, a los siete años, el proyecto apenas sería rentable: una rentabilidad anual del 14,5% y un valor presente neto negativo de 15 millones de dólares. Una simulación de 10.000 escenarios arroja resultados positivos solo en el 8,5% de los casos.

Para hacerlo atractivo, plantea cuatro cambios: alargar el contrato a diez años, reducir del 64,5% al 60% la parte de los ingresos destinada a los proveedores, condicionar el primer pago a la licencia de Washington y fijar un precio mínimo para el crudo. Con esos cambios, la rentabilidad subiría al 17,5% y el valor presente neto ascendería a 97 millones de dólares. Si el barril bajara de unos 65 dólares, el negocio dejaría de ser rentable.

La gran incógnita: la OFAC

El principal obstáculo es obtener una autorización específica de la Oficina de Control de Activos Extranjeros de Estados Unidos, que no está garantizada. Entre otros riesgos están que el contrato se cancele antes de tiempo, lo que restaría hasta 445 millones de dólares de valor, la falta de un operador eléctrico autorizado y que la reforma de la ley eléctrica siga pendiente.

Rumbo a la bolsa

La propuesta también mira a los mercados: sugiere integrar el proyecto en una empresa que ya cotice en bolsa, de preferencia una SPAC, una sociedad creada para salir a bolsa y luego fusionarse con otra empresa.

Por ahora es solo una propuesta. No se ha anunciado ninguna firma, financiamiento ni licencia. Pero el documento muestra cómo el gas desperdiciado y la crisis eléctrica se han convertido en una de las oportunidades más codiciadas para la reapertura del sector petrolero venezolano.

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