La Guajira se perfila como nuevo punto de entrada del gas importado a Colombia

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Julio A. López, editor jefe.- La Guajira, que durante décadas fue la cuna del gas colombiano, podría convertirse ahora en la puerta de entrada del gas importado. El proyecto de regasificación de la Transportadora de Gas Internacional (TGI), filial del Grupo Energía Bogotá (GEB), va más allá de instalar una planta flotante: busca aprovechar la infraestructura existente para almacenar, regasificar y transportar gas natural licuado (GNL) hacia el resto del país.

Así funcionaría

Todo empieza en el mar Caribe. Un buque metanero pasaría el GNL, de barco a barco, a una unidad flotante de almacenamiento y regasificación (FSRU, por su sigla en inglés). Esta unidad sería arrendada y quedaría fondeada cerca de la plataforma Chuchupa B, frente a la costa guajira. Según datos técnicos difundidos por especialistas del sector, la unidad evaluada, la Höegh Evi, podría almacenar unos 147.835 metros cúbicos de GNL a 162 grados bajo cero. Su capacidad normal de regasificación sería de 402 millones de pies cúbicos diarios (mpcd), con picos de hasta 536 mpcd.

Ya convertido de nuevo en gas, el combustible viajaría por un ducto submarino de 18 pulgadas y 1,1 kilómetros hasta Chuchupa B. Desde allí usaría la tubería existente de 24 pulgadas, que recorre 18,7 kilómetros hasta la estación Ballena, en tierra firme, y está diseñada para hasta 536 mpcd. Por último, un ramal de 20 pulgadas y 600 metros, con medición ultrasónica y válvulas de seguridad, lo conectaría al Sistema Nacional de Transporte (SNT).

La meta es inyectar hasta 250 mpcd a la red, un volumen ya incluido en el Plan de Abastecimiento de Gas Natural. Como la unidad puede regasificar mucho más de lo que se entrega, queda un amplio margen para responder a picos de demanda o a emergencias.

Las piezas ya encajan

En enero, TGI y Hocol, filial de Ecopetrol, firmaron el acuerdo para conectar la unidad a la línea Chuchupa B-Ballena y usarla, lo que constituye un paso clave para enlazarla con los gasoductos existentes. TGI financiará las obras necesarias en Ballena, y la inversión total del proyecto ronda los 150 millones de dólares. Al reutilizar instalaciones ya en funcionamiento, la obra submarina es mucho más corta que en otras alternativas, como la de Coveñas, lo que, en teoría, acelera su construcción. La empresa calcula que podría ampliar la capacidad hasta 400 mpcd hacia 2030.

Un país que ya importa

La urgencia es evidente. Colombia dejó de autoabastecerse de gas en 2024 y depende cada vez más del exterior: las importaciones pasaron de cubrir el 4% de la demanda en 2024 a cerca del 20% en 2025, y para 2026 se proyecta que superen el 39%. Hoy la única gran puerta de entrada es la terminal de SPEC en Cartagena, con capacidad de 400 mpcd, que en septiembre tuvo que ser reparada.

TGI advierte que si no se construye nueva infraestructura, el déficit podría alcanzar 220 mpcd a finales de 2027, con riesgos para la industria y la confiabilidad del sistema eléctrico. Por eso, más que una regasificadora adicional, La Guajira podría consolidarse como un nodo estratégico de abastecimiento: 250 mpcd garantizados pueden servir de respaldo para todo el sistema en un mercado con cada vez menos producción local.

Los obstáculos

El proyecto, sin embargo, enfrenta tropiezos. Debía entrar en operación en enero de 2027, pero en junio el GEB reconoció que se aplazaría hasta finales de ese año. El principal obstáculo es regulatorio: una norma de la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG) de 1996 impide que una misma empresa transporte gas y también lo venda. Por eso, TGI solo podría ofrecer el servicio de regasificación, sin firmar contratos de venta con distribuidoras o termoeléctricas, a menos que el regulador le conceda una excepción.

«La compañía no puede firmar contratos con distribuidores o plantas térmicas para vender gas», explicó entonces Juan Ricardo Ortega, presidente del GEB. Ecopetrol, en cambio, no tiene esa limitación en sus propios proyectos de importación.

La carrera está abierta

La iniciativa guajira compite con otras en marcha: la ampliación de Puerto Bahía en Cartagena, la terminal de Ecopetrol en Coveñas, la regasificadora del Pacífico y el proyecto privado de Ciénaga, en Magdalena. Quien llegue primero y a qué costo lo haga definirá cuánto pagarán los hogares, las industrias y las generadoras por el gas en los próximos años.

En esa competencia, La Guajira tiene una ventaja difícil de igualar: la infraestructura ya está construida. Si el proyecto supera las trabas regulatorias, el departamento pasaría de ser un productor en declive a convertirse en el eje del suministro de gas del país.

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