Óscar Reyes Matute
The Daily Journal – Seguro que tu algoritmo te las ha presentado en el celular; son clásicas novelas de mafiosos, mujeres lánguidas, mujeres perversas (van de un extremo al otro), hombres mayores que defienden su empresa, chamos emprendedores que corren tras su sueño, jóvenes magnates que trabajan de incógnito como repartidores, y entre nosotros, en Latinoamérica, como dueños de cafés, como parceleros que van a ser expulsados o como vendedores de perros calientes en el Callejón del Hambre. Bienvenidos a las telenovelas en el teléfono.
El Gran Fracaso
Hace 8 años, un histórico magnate de Hollywood: Jeffrey Katzenberg (exdirector de Walt Disney Studios y cofundador de DreamWorks) cofundó junto a Meg Whitman la plataforma Quibi (abreviatura de Quick Bites), la cual se lanzó formalmente en abril de 2020.
La propuesta principal de Quibi era ofrecer series, películas y programas en episodios cortos de menos de 10 minutos diseñados únicamente para teléfonos inteligentes.
Pero tenía tecnología Turnstyle: lo que le permitía a los usuarios girar el teléfono en cualquier momento para cambiar entre el formato horizontal (panorámico) y el formato vertical, adaptando el encuadre en tiempo real.
Recaudaron más de 1.750 millones de dólares de inversores y estudios importantes de Hollywood (Disney, WarnerMedia, Sony, etc.), contratando a directores como Steven Spielberg y estrellas como Kevin Hart, Liam Hemsworth y Sophie Turner.
Quibi es considerado uno de los mayores desastres financieros en la historia del entretenimiento en streaming: Lanzaron la plataforma en abril de 2020, cuando el mundo entraba en confinamiento por el COVID-19. La idea de consumir «videos breves para los trayectos en autobús o metro» perdió sentido cuando todo el mundo estaba atrapado en casa frente a sus televisores.
De paso, no permitían transmitir el contenido a televisores ni tomar capturas de pantalla para compartir memes en redes sociales, lo que frenó drásticamente su viralización. Y TikTok y YouTube ya ofrecían contenido vertical de forma gratuita, mientras que Quibi pretendía cobrar una suscripción mensual con anuncios.
Debido a la falta de suscriptores y las pérdidas millonarias, Katzenberg y Whitman cerraron Quibi en octubre de 2020, tan solo seis meses después de su lanzamiento.
Ahí vienen los chinos
El fenómeno de las microseries verticales (short dramas o dramedy en formato 9:16) no es solo una moda de consumo rápido; se ha convertido en una industria millonaria de exportación masiva impulsada por gigantes tecnológicos chinos.
En el mercado bursátil de Hong Kong (HKEX) y en los exchanges continentales chinos, varios conglomerados de contenido y plataformas de video abanderan este modelo que la prensa internacional ha bautizado como la «red de micro-Netflix»:
Kuaishou Technology es el segundo gigante del video corto en China (rival directo de Douyin/TikTok). Ha sido uno de los grandes pioneros cotizados en empaquetar telenovelas verticales y comercializarlas globalmente a través de sus plataformas y de su modelo de generación de video por Inteligencia Artificial (Kling AI).
China Literature Limited es filial de contenidos de Tencent. Posee la mayor biblioteca de literatura web de China y está adaptando miles de sus novelas web en miniseries verticales para exportarlas al mundo.
COL Group / COL Digital (Crazy Maple Studio): Matriz desarrolladora de ReelShort, la aplicación pionera que conquistó el mercado de Estados Unidos y que encabeza las descargas en la App Store.
Cotiza en el mercado Shenzhen pero canaliza sus operaciones internacionales a través de filiales estructuradas en Hong Kong (ReelShort HK Co.) y cotiza como el valor insignia del sector.
Otras aplicaciones clave en expansión (EE. UU. y Latinoamérica) son DramaBox (de StoryMatrix): Gigante global con un modelo híbrido muy rentable en EE. UU., Europa y Latinoamérica, ShortTV y GoodShort, que cuentan con subsidiarias operativas en Hong Kong para repatriación de capitales y distribución global.
La llegada a Venezuela y Latinoamérica
Estas plataformas (ReelShort, DramaBox, ShortTV) ya han desembarcado con fuerza en América Latina, incluida Venezuela, funcionan bajo un modelo freemium o de microtransacciones (desbloqueo de episodios por centavos de dólar o mediante el visionado de anuncios).
Sus tramas son una mezcla altamente adictiva de culebrón clásico latinoamericano y narrativa pop china: magnates multimillonarios, venganzas familiares, hombres lobo, matrimonios por contrato y traiciones, todo editado con un gancho dramático (cliffhanger) cada 60 ó 90 segundos.
Los chamos venezolanos las están consumiendo a raudales. Y han comenzado a producirlas.
