Natalia Jaua
The Daily Journal – Hay reencuentros que se sienten como volver a casa. Eso debió pensar Mario Castañeda cuando, con micrófono en mano, recordó que Caracas fue la primera ciudad que lo recibió en una convención, allá por 2005. Veintiún años después, el hombre que le prestó la voz a Gokú regresó a la capital venezolana para la edición 27 de la Caracas Comic Con, celebrada los días 17 y 18 de octubre en el Nivel Eventos del Centro Comercial Líder, y el público le respondió con la misma devoción de siempre.
Desde las once de la mañana, el salón Espacio se transformó en un pequeño multiverso. El flujo de asistentes fue constante durante ambas jornadas, que se extendieron hasta las ocho de la noche. La entrada general rondaba los 20 dólares, con tarifas preferenciales para niños de 5 a 12 años, adultos mayores y personas con discapacidad; los menores de cuatro años entraron gratis.
El área de expositores fue uno de los grandes atractivos. Los stands se dividían en varias categorías: Tienda (mercancía basada en anime y temas relacionados), Artista (ilustradores y artesanos que vendían arte propio, categoría que se agotó rápidamente), y Comida.
Entre los expositores habituales de la convención destaca el Calabozo Criollo, una comunidad nacional dedicada a los juegos de mesa, rol y wargames que ha sido parte de la Caracas Comic Con desde sus primeras ediciones. Fundado en 2004, el Calabozo Criollo no es un simple stand: es un punto de encuentro para jugadores de Warhammer, Dungeons & Dragons, Catan, Infinity y otros sistemas, que ofrece demostraciones gratuitas al público asistente para expandir la cultura lúdica en el país.
La convención no se limitó a los invitados internacionales. El talento venezolano tuvo un espacio protagónico con Rocío Mallo y Angie Mallo, las voces de Garnet y Aquamarina en Steven Universe, quienes ofrecieron una actividad especial que incluyó un miniconcurso de doblaje.
La música también tuvo su espacio con las presentaciones de baile de Unit K Studio, que llenaron de energía el escenario. A lo largo de ambas jornadas hubo concursos, trivias, videojuegos, tiendas, clubes de fans y actividades de cosplay que mantuvieron entretenidos a los asistentes.
No obstante, la gran cereza del pastel fue Mario Castañeda, querido y reconocido actor de doblaje latino, quien se subió a la tarima el sábado y, antes de cualquier monólogo o pregunta, confesó algo que Caracas fue la primera ciudad que lo recibió en una convención, en 2005.
La organización había anunciado dos presentaciones: una sesión de preguntas y respuestas el sábado y su tradicional show de doblaje el domingo. El punto de éxtasis llegó cuando interpretó en vivo un monólogo de Dragon Ball Z. La euforia del público fue total: gritos, aplausos y ese fervor que solo un personaje como Gokú puede despertar entre sus fanáticos.
La otra gran sorpresa internacional fue Steven John Ward, el actor sudafricano que interpretó a Dracule Mihawk en el live-action de One Piece de Netflix. Su presencia estaba confirmada para encuentros con fanáticos durante ambas jornadas, y tras la suspensión de la Yamato Cosplay Cup, accedió a ofrecer una presentación adicional en tarima el domingo para cubrir el espacio que dejó el concurso.
El día sábado The Daily Journal acudió a su conferencia y logró hacerle dos preguntas acerca de su personaje y su relación con uno de los protagonistas de la serie, el espadachín Roronoa Zoro (interpretado por el actor japonés Mackenyu Arata).
Dicen que nunca conozcas a tus héroes, Mihawk y Zoro encarnan bien ese dicho ¿Crees que Zoro piensa en Mihawk como una inseguridad o una motivación?
Una motivación. Eso creo. Porque debe llegar a algún lado. Quizás ahora es una inseguridad, pero sin duda creo que es más una motivación para convertirse en eso. Porque es lo que quiere ser, el mejor espadachín, pero tendrá que pasar por mí.
¿Desde qué emoción crees que conectaran cuando vuelvan a encontrarse?
Creo que Zoro será arrogante, cree que va a poder contra Mihawk. Pero creo que querrá aprender más, porque se va a dar cuenta que no está ni cerca de ser como Mihawk.
No todo salió según lo planeado. La organización había anunciado la celebración de la clasificatoria para la Yamato Cosplay Cup Venezuela el domingo 18, un certamen que prometía llevar al ganador a la final internacional en Japón. Sin embargo, días antes del evento, la organización emitió un comunicado oficial informando de la suspensión de la competencia.
El motivo: no se alcanzó el número mínimo de inscripciones exigido por el reglamento oficial del certamen. La directora Daniela Paolillo señaló que el «complejo contexto atravesado en el país durante el año influyó de manera determinante en la baja participación de inscritos», y adelantó que trabajarán en una nueva estrategia para asegurar la representación venezolana en la Yamato 2027.
Para cubrir el espacio que dejó el concurso en la programación del domingo Steven John Ward accedió a ofrecer una presentación adicional, teniendo presencia en tarima durante ambas jornadas. Aun así, el cosplay siguió siendo protagonista del evento a través de otras actividades: presentaciones en tarima, espacios fotográficos y la presencia de figuras como Nitacosplay, reconocida por su trabajo con prótesis de látex, y la agrupación ecuatoriana Young Friki Cosplay, que tuvo su presentación el domingo.
En 2016, la investigadora Edsandra Zamora presentó en la UCAB un trabajo que describía a los otakus caraqueños como una «tribu urbana» que construía su identidad en torno al anime y el manga. Su diagnóstico era claro: la presencia de esta comunidad había incrementado en el país, pero seguía siendo un fenómeno poco conocido para la sociedad venezolana. La Caracas Comic Con, que para entonces ya se celebraba, aparecía en su investigación como el epílogo natural: el único espacio donde estos jóvenes «sienten seguridad de mostrarse como son sin ninguna vergüenza».
Zamora documentó también un dato revelador sobre la escala de la escena en esos años: en 2014 se realizaron más de diez convenciones otaku en Venezuela, seis de ellas en Caracas; para 2015, la cifra capitalina había bajado a tres. Eran eventos de nicho, sostenidos por una comunidad que empezaba a organizarse pero que aún no tenía la visibilidad masiva de hoy.
Los números de la propia Caracas Comic Con cuentan esa transformación. Su primera edición, en marzo de 2010, se celebró en el CIEC de la Universidad Metropolitana y, según las crónicas de la época, el primer día tuvo «una asistencia algo pobre» antes de repuntar tímidamente. Tres años después, en 2013, la organización ya reportaba haber reunido a más de 8.000 fanáticos en su edición anterior. Para 2018, la convención había crecido al punto de realizar tres ediciones anuales y acumulaba, desde sus inicios, más de 130.000 asistentes en total.
En agosto de 2025, la edición de 15 aniversario reunió a 7.000 personas en un fin de semana. Ese mismo año, el Venezuela Game Show —que integra cosplay y cultura anime en su programación— congregó a más de 30.000 personas en tres días, y para 2026 la cifra escaló hasta los 35.000 visitantes.
Los cosplayers que hoy posan ante las cámaras en el C.C. Líder son herederos de aquellos que, hace una década, se reunían en foros de internet y convenciones universitarias. La Comic Con no inventó a esa comunidad: la hizo visible, y al hacerlo, la multiplicó.
Si bien no se han publicado cifras oficiales de cuanta gente asistió, podríamos especular que la cantidad fue prometedora pues a organización ya confirmó que en 2027 la Caracas Comic Con continuará su recorrido por Venezuela con próximas paradas en Táchira y Valencia, una señal de que la comunidad trasciende la capital y se expande por todo el país.


