Audio: https://clyp.it/mwxsl0kw
Alejandro Sucre – Estados Unidos está en guerra, y los venezolanos debemos entender de qué lado de la historia nos conviene estar. El conflicto con Irán no lo provocaron ni Washington ni el presidente Trump. Los ayatolás han avanzado en programas nucleares y de drones que amenazan a Europa y a Occidente. Trump no actuó como el avestruz que esconde la cabeza, ni como tantos líderes que le pasan el riesgo al próximo presidente para evitar conflictos aun siendo inevitables. Decidió enfrentarlos.
Putin y los ayatolás apuestan a una Europa debilitada por tres cosas: una burocracia complaciente que proclama derechos que a veces no se sostienen en la realidad; un endeudamiento para cubrir beneficios sociales por encima de sus posibilidades; y una política migratoria sin control con un fundamento humanitario sin asidero económico.
Los venezolanos debemos entender que Estados Unidos fue diseñado para resistir la tiranía. Tiene dos cámaras: el Senado, en el que los senadores son elegidos de forma escalonada, y la Cámara de Diputados. El proceso de aprobación de las leyes requiere la aprobación de ambas cámaras. Tiene el Colegio Electoral para escoger al presidente, que no es por mayoría simple, y un método cuidadoso para escoger a sus magistrados. Además, los ciudadanos son un contrapeso real a la tiranía, no solo por la vía electoral, sino también por las armas.
La ciudadanía no cede el monopolio de las armas a las Fuerzas Armadas, sino que cada ciudadano tiene derecho a poseerlas. Este principio lo defiende la Asociación Nacional del Rifle. Esa libertad tiene costos dolorosos: muchos inocentes mueren en sus escuelas a manos de personas armadas, y otros sufren enfermedades mentales que los asaltan en las aulas. Aquellos fundadores entendieron que las mayorías pueden vulnerar los derechos de las minorías y que las Fuerzas Armadas pueden ser arrastradas por un líder carismático o por un grupo de poder, lo que las convierte en dictadores. En Venezuela somos ingenuos, creemos en elecciones democráticas como suficientes, pero no tenemos los pesos y contrapesos que limitan el poder como los tiene EEUU. Por eso, nuestro sistema democrático no evita las dictaduras y, a la vez, las hace frágiles ante riesgos militares.
Venezuela es hoy parte de esta disputa por el poder mundial, entre EE. UU. y China, Rusia e Irán. Canadá y Europa juegan al globalismo burocrático. El grupo de São Paulo se alinea con China e Irán. EE.UU. y el hemisferio occidental necesitan el petróleo venezolano, ya que Rusia e Irán lo usan como arma en un ajedrez geopolítico. Nadie más que Trump ha hecho tanto para atraer inversión a nuestro país y reactivar la producción petrolera. Trump ha diseñado mecanismos no tradicionales, out of the box, para acelerar o sortear esos procesos de decisión de las transnacionales. Es su estilo: cuando adquirió Mar-a-Lago y la negociación se estancó, compró el terreno frente a la propiedad para cambiar las condiciones del trato. Así, hoy busca activar parte de nuestros campos petroleros.
Venezuela está en un quirófano, muy debilitada, y además forma parte de la guerra y tiene una democracia naif. Tenemos al cirujano Trump, que aceptó operar cuando nadie más quiso. Trump es el líder de Venezuela hoy. Entre el oficialismo y la oposición hay una confrontación que no se resolverá, sino que se agudizará en un conteo electoral. Una transición con alternabilidad real requiere hoy el respaldo y la presencia de tropas estadounidenses, pero Trump no puede hacerlo. Legitimidad y elecciones pueden ser palabras muy bonitas, pero vacías, o actuar como un espejismo si los venezolanos no podemos defenderlas.
Rusia saltó a elecciones con Boris Yeltsin sin haber controlado primero su economía, y la confrontación que siguió terminó en una dictadura. No debemos repetir ese error. La etapa 1 del plan de tres etapas de Trump, la estabilización y reactivación económica, debe cumplirse. Así lo hizo Chile. Venezuela necesita reformas constitucionales profundas para garantizar la democracia. Intelectuales, oposición y gobierno, debemos apoyar al presidente Trump en estas etapas previas a las elecciones. Cuanto antes mejore la economía, antes habrá elecciones.
Queremos transparencia y legalidad en los acuerdos petroleros, propongámoslas como mejoras al plan. No cuestionemos sus cimientos como si estuviéramos en un mundo ideal o en un jardín plácido.
A los más de cien firmantes del Manifiesto les respondo con respeto. Sus preocupaciones sobre la transparencia son legítimas, pero pedir la suspensión del acuerdo petrolero sin ofrecer una alternativa para reactivar la producción nos deja en el quirófano sin cirujano. Creer que todo se debe supeditar a elecciones previas es no ver el campo minado.
Si Venezuela logra paz y prosperidad, Trump habrá merecido no solo el Nobel de la Paz, sino también el de Economía. Y los venezolanos tendremos ambas cosas.


