A las cinco y media de la mañana empieza la carrera. Hay que bañarse, vestirse, despertar a los chamos , y en medio de todo eso, resolver el desayuno.
La primera comida del día tiene un valor nutricional y energético importante, sobre todo, en niños y niñas que entran a la escuela a partir de las 7:00 a.m. Son los primeros alimentos después de un largo ayuno derivado de las horas en las que se está dormido. El desayuno precede a las actividades escolares que implican mayor gasto de energía.
Sin embargo, es una ecuación que se le complica a las familias venezolanas. A falta de tiempo y un bolsillo golpeado por la inflación, ese cálculo matemático se convierte en un dilema difícil de resolver.
La alimentación es el gasto que más pesa para los venezolanos y las venezolanas. Según Datanálisis, los hogares venezolanos destinan el 41,6% de su presupuesto a la comida, y en los sectores de menores ingresos esa cifra supera el 55% . Con una canasta alimentaria que ronda los 755 dólares mensuales para una familia de cinco personas, y un salario mínimo congelado en 130 bolívares (unos 0,16 dólares) y bonos que no suman a las prestaciones, una inflación, incluso, en dólares, la pregunta es cómo se hace para que alcance.
En The Daily Journal hablamos con padres, madres y representantes para entender cómo resuelven el desayuno y la merienda de sus hijos, y te traemos una guía práctica con precios reales, opciones para todos los bolsillos y consejos que de verdad sirven.
La importancia del desayuno
Los nutricionistas definen el desayuno como la comida más importante del día, especialmente, para los niños y las niñas en edad escolar. Un niño que desayuna bien rinde más en clases, se concentra mejor, tiene más energía y hasta se enferma menos. Pero si va al colegio con el estómago vacío se distrae, se duerme, se irrita, puede descompensarse y, por supuesto, rendir menos en sus actividades escolares.
Muchas familias venezolanas viven al día, y el desayuno compite con otros gastos igual de urgentes como la luz, el agua, el transporte, el internet; se pueden sumar el alquiler de la vivienda y otros gastos. Además, en un país donde un solo sueldo no alcanza para mantener una familia, papá y mamá o cuidadores, deben tener hasta tres trabajos. Como resultado, el tiempo se vuelve un lujo que no todos tienen.
¿Cuánto cuesta desayunar en la calle?
La calle se convertió en el “resuelve” de muchos venezolanos. Los que que no tienen tiempo de cocinar en la mañana, buscan opciones en negocios con ventas de desayunos, pero no todas son económicas.
En un recorrido por distintos puntos de venta, encontramos que una empanada, un tequeño o un cachito oscilan entre 1,5 y 3 dólares, y si le sumas el jugo, es un dólar más. En algunos locales ofrecen combos de dos empanadas o pastelitos con jugo por alrededor de 2,5 dólares. Los tequeños grandes pueden costar entre uno y 3 dólares, dependiendo del relleno y la calidad.
Si un padre le compra desayuno todos los días a su hijo para ir al colegio, el gasto semanal ronda los 10 a 15 dólares. Al mes, serían aproximadamente 50 dólares solo en meriendas. Para una familia con dos o tres niños en edad escolar, la cifra se vuelve impagable.
¿Y si hay intolerancia al gluten?
Aquí la cosa se complica porque si el niño o la niña es celíaco no puede comer en la calle. En Venezuela, tener esta condición es un reto doble porque hay pocos productos libres de gluten; además, son mucho más caros que los productos regulares.
Revisando precios en línea se encontró que un paquete de pasta gluten free de 500 gramos cuesta casi 3 dólares, más del doble de lo que cuesta la pasta convencional. Las harinas como la de yuca o quinoa están en alrededor de 6 dólares los 500 gramos, mientras la multiuso libre de gluten, de la misma cantidad ronda los 2 dólares. Mientras tanto, un kilo de harina tradicional cuesta alrededor de un dólar.
No obstante, la cocina venezolana tiene una ventaja. Muchos de sus platos tradicionales son naturalmente libres de gluten y se pueden variar con verduras como la yuca, ocumo, plátano, apio, entre otros para elaborar arepas, tequeños, panquecas entre otras recetas seguras para los niños celíacos. La clave está en prepararlos en casa, porque en la calle el riesgo de contaminación cruzada es alto.
Hacer el desayuno en casa: ahorro, pero cuesta tiempo
Muchos padres coinciden en que la opción más económica y segura es preparar el desayuno en casa. De esta manera, los números pueden rendir un poco más que comprando en la calle.
Por ejemplo, una masa para pastelitos puede costar 3 dólares en adelante; con un kilo de queso en 9 dólares, esa inversión puede dar para dos semanas de loncheras. Comparado con los 10 o 15 dólares semanales de comprar en la calle, el ahorro es evidente.
La bolsa de tequeños escolares que trae hasta 20 unidades entre 5 y 15 dólares, dependiendo de lugar donde se compre y la calidad del producto. Hay quienes prefieren comprarlos directo al fabricante, porque en supermercados el precio no suele ser rentable.
Pero el problema del que nadie habla es el tiempo. Muchas familias venezolanas no tienen una, sino dos o tres fuentes de ingreso, y eso significa jornadas largas, traslados agotadores y llegadas a casa sin energías para cocinar. Para esas familias, la calle más que una opción cómoda, es la única opción posible.
¿Cómo barajar la situación?
Hay estrategias que podrían funcionan, incluso cuando el tiempo y la plata escasean.
- Se puede cocinar por lotes los fines de semana. Un par de horas del sábado o domingo para preparar tequeños, empanadas o panquecas y congelarlos.
- Aprovechar los desayunos tradicionales como la arepa, una empanada casera, las tajadas de plátano.
- Comprar al mayor con otros padres y representantes del salón de tu hijo para adquirir queso, harina o masa por volumen.
- Un cambur, una manzana, una mandarina, son meriendas económicas, saludables y que no requieren preparación. Varía para que los niños no se aburran.
- Un tequeño, una fruta y un jugo de cajita es una merienda perfectamente válida.
- Si se puede, el desayuno en casa puede ser la opción más rentable.
Más de la mitad del presupuesto de la población venezolana más vulnerable se va en la comida, y siendo el tiempo un recurso tan escaso como el dinero, cada familia hace lo que puede con lo que tiene.
