The Daily Journal – Este domingo 25 de octubre, la Casa Blanca afirmó que hasta el momento, la cantidad de petróleo venezolano que llega a Estados Unidos ha aumentado más del 400% y ha alcanzado su nivel más alto en casi una década. La declaración fue publicada a través de su página web oficial en un artículo sobre los esfuerzos del presidente Donald Trump por disminuir el precio del combustible.
Así mismo, la nota asegura que esto se debe a la «captura del dictador narcoterrorista Nicolás Maduro», ocurrida el pasado 3 de enero. A raíz de ello, Trump anunció lo que él denomina el «mayor acuerdo petrolero en la historia mundial con Venezuela», con el fin de reducir los costos del gas para el pueblo estadounidense al asegurar 65 mil millones de barriles de petróleo que van directamente al suministro de EE. UU.
Sumado a esto, la Casa Blanca confirmó la firma de tratados con numerosos países para que liberen alrededor de 130 millones de barriles de diesel a fin de optimizar el suplemento global y bajar los precios. Además, le atribuyó al presidente estadounidense el hecho de que «está saliendo más petróleo por el Estrecho de Ormuz que antes de iniciado el conflicto armado en Irán.
Según la Administración de Información de Energía de EE. UU., las importaciones de crudo venezolano habían caído a niveles prácticamente nulos entre 2019 y 2022 producto de las sanciones sobre PDVSA. Por ende, cualquier incremento operativo generaría un salto porcentual cercano al 400%. Aun así, este flujo diario dista de los picos de las décadas de 1990 y 2000, cuando Venezuela exportaba de manera rutinaria entre 700.000 y 1,5 millones de bpd hacia el mercado estadounidense.
Controversia contractual
Francisco Monaldi, director del Programa Latinoamericano de Energía en el Instituto Baker de la Universidad Rice, realizó sus afirmaciones al respecto en una entrevista publicada por el apartado de prensa de Banesco. En esta destaca la existencia de dos versiones contradictorias sobre lo que se está firmando, generando dudas sobre su viabilidad jurídica e institucional.
Por un lado, la Casa Blanca habla explícitamente de «concesiones a 100 años», un modelo histórico obsoleto en Venezuela asociado a la era de Juan Vicente Gómez que no está contemplado ni en la Ley Orgánica de Hidrocarburos ni en la Constitución venezolana actual. Se refiere a Contratos de Producción Compartida (CPP) a 25 años o empresas mixtas bajo el control titular de PDVSA. De pretenderse otorgar concesiones de un siglo, requeriría una reforma constitucional completa en Venezuela.
Por otro lado, el acuerdo abarca unos 17 campos rediseñados que integran proyectos ya productivos (como PetroZamora o Petrocedeño en el Lago de Maracaibo y la Faja) con extensas áreas «greenfields» (terrenos sin desarrollar ni infraestructura básica) cuya explotación no será viable durante la próxima década.
Sumado a esto, el experto señaló que debe diferenciarse el flujo diario que se transporta en barcos de las reservas técnicamente explotables. Según Monaldi, para declarar un volumen como «reserva probada y garantizada» ante los mercados, este debe ser técnica y financieramente rentable de extraer bajo las condiciones actuales.
Monaldi explica que el crudo de la Faja del Orinoco es extrapesado y requiere diluyentes e infraestructura de mejoramiento altamente compleja. Debido al deterioro acumulado de la industria petrolera venezolana y a la necesidad de inversiones multimillonarias de capital, se estima que el volumen comercialmente viable a corto plazo oscila en realidad entre 10 mil y 15 mil millones de barriles.
Por último, tanto Francisco como otros especialistas concluyen que el anuncio tiene un sesgo marcadamente político y electoral orientado a las elecciones midterm en EE. UU., buscando transmitir la idea de un desplome inmediato en el precio de la gasolina, impacto que no se materializará en el corto plazo.
