Polinización

El declive de los polinizadores amenaza la seguridad alimentaria

Ambiente

José Leonardo Salazar – La estabilidad de los ecosistemas mundiales y la supervivencia a largo plazo de la humanidad dependen de procesos biológicos silenciosos pero masivos, siendo el más crucial de ellos la polinización. Sin embargo, en América Latina, una de las regiones más megabiodiversas del planeta, este motor vital se está apagando aceleradamente.

Esto se debe a la combinación sinérgica del cambio climático, las quemas provocadas y el uso descontrolado de agroquímicos de alta toxicidad. Las alteraciones globales en las temperaturas y los regímenes de lluvias están generando un grave desajuste que altera los ciclos de floración de las plantas con los periodos de actividad, migración o nacimiento de insectos, aves y mamíferos polinizadores.

Este debilitamiento estructural de las interacciones ecológicas pone en jaque directo la seguridad alimentaria y la despensa global, considerando que más del 70% de los cultivos destinados al consumo humano, incluyendo pilares económicos de la región como las frutas, las hortalizas, el cacao y el café, dependen estrictamente de estos vectores biológicos para su reproducción y rendimiento.


A este complejo escenario climático se suma el impacto destructivo del modelo agrícola intensivo actual, donde la aplicación indiscriminada de pesticidas neurotóxicos ataca el sistema nervioso central de insectos como las abejas, desorientándolos, afectando su memoria olfativa e impidiendo su regreso a las colmenas. Esto desencadena el colapso masivo de colonias enteras.

En paralelo, la práctica recurrente de quemas intencionales para expandir la frontera agrícola o limpiar terrenos destruye de forma irreversible los nidos subterráneos, los árboles de anidación y la vegetación nativa que sirve de refugio y alimento a miles de especies en cuestión de horas.


Venezuela refleja con especial gravedad los síntomas de esta crisis ambiental en zonas de alta producción como la región andina, las llanuras occidentales y los estados centrales. La falta de regulaciones estrictas y la persistencia de un mercado informal permiten el uso generalizado de agroquímicos altamente peligrosos que ya se encuentran estrictamente prohibidos o restringidos en otras latitudes del mundo.

Asimismo, las quemas estacionales incontroladas arrasan anualmente con corredores biológicos vitales, aislando a las poblaciones de polinizadores nativos. La alarmante pérdida de especies autóctonas vulnerables, como las abejas sin aguijón, no solo compromete la productividad de la dieta local venezolana, sino que detiene la regeneración natural de los bosques tropicales que actúan como sumideros de carbono esenciales.

Ante esta emergencia ecológica y social, científicos, académicos y colectivos ambientales urgen a las autoridades y productores a implementar una transición inmediata hacia la agroecología, a prohibir severamente las quemas descontroladas. También les exigen establecer corredores florales con vegetación nativa en los márgenes de los monocultivos, asumiendo que la protección de estos pequeños agentes vitales es la única vía real para salvaguardar la fertilidad de los campos del mañana y evitar una crisis de escasez global sin precedentes.

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