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Julio A. López, editor en jefe – La industria mundial del gas natural licuado (GNL) podría encaminarse hacia una sobreoferta histórica. Mientras Estados Unidos impulsa simultáneamente 11 nuevos proyectos y ampliaciones, principalmente en Texas y Luisiana, Qatar avanza con el mayor programa de expansión de su historia. El problema es que buena parte de esa nueva capacidad aún no tiene compradores asegurados y llega en un momento en que la demanda mundial se debilita.
Qatar: una apuesta de gran escala
El complejo de Ras Laffan, uno de los mayores del mundo, elevará su capacidad de producción de 77 a 126 millones de toneladas anuales mediante dos proyectos: North Field East y North Field South, que en conjunto añadirán unos 49 millones de toneladas, lo que representa un crecimiento aproximado del 64 %. Una tercera ampliación, North Field West, incorporaría otros 16 millones de toneladas para alcanzar 142 millones hacia 2030, lo que supone un incremento acumulado del 84,4 % respecto de la capacidad original.
Sin embargo, una parte importante de estos volúmenes no cuenta con contratos de largo plazo. Un análisis de la Universidad de Columbia estimó que cerca del 75 % de la nueva capacidad comercializada por QatarEnergy, tanto desde Qatar como desde Estados Unidos, carecía de contratos definitivos o dependía de intermediarios que todavía debían colocar esos volúmenes.
Un mercado que no acompaña
La expansión contrasta con la realidad del mercado. La Agencia Internacional de Energía (AIE) prevé una caída del 0,5 % en la demanda mundial de gas natural durante 2026, como consecuencia de los altos precios y de las perturbaciones causadas por la guerra en Oriente Medio. Los ataques contra Ras Laffan dañaron instalaciones equivalentes al 17 % de la capacidad original de GNL de Qatar, y las restricciones marítimas en el estrecho de Ormuz dificultan las exportaciones.
Aun así, Qatar mantiene sus inversiones con la mirada puesta en la demanda futura de Asia y Europa, apostando por contratos de suministro a largo plazo y por la recuperación del crecimiento del mercado gasífero internacional.
La ola de nueva oferta
El fenómeno no se limita a Qatar. Según la AIE, más de 330.000 millones de metros cúbicos anuales de nueva capacidad mundial de exportación de GNL podrían incorporarse entre 2025 y 2030. A ello se suma la posibilidad de que Rusia recupere parte de sus exportaciones a algunos mercados si mejora la situación geopolítica, aunque las restricciones europeas limitarían ese regreso.
¿Qué pasará con los precios?
El impacto dependerá, sobre todo, de que la demanda, especialmente la asiática, crezca al ritmo necesario para absorber la nueva oferta. También serán determinantes la velocidad con que entren en operación los proyectos, el volumen asegurado mediante contratos a largo plazo, la producción doméstica de los grandes consumidores, el clima, la competencia de las energías renovables y la evolución de las sanciones contra Rusia.
Si la oferta supera la demanda y aumenta la disponibilidad en el mercado al contado, los precios podrían caer significativamente. Si, por el contrario, la demanda absorbe la capacidad adicional o surgen retrasos y nuevas restricciones geopolíticas, la presión a la baja sería menor.
Una advertencia necesaria
El mercado del GNL podría pasar de la escasez a la saturación en pocos años. La tormenta perfecta de hoy, con precios elevados, la guerra en Oriente Medio, instalaciones dañadas en Ras Laffan y el estrecho de Ormuz bajo restricciones, está impulsando inversiones basadas en una demanda futura que nadie ha garantizado. Si los nuevos trenes de licuefacción de Qatar y Estados Unidos entran en operación al mismo tiempo, con buena parte de sus volúmenes sin compradores firmes y una demanda que ya se contrae, el exceso de oferta podría derrumbar los precios y dejar a productores, intermediarios y financistas con activos sobredimensionados y contratos difíciles de colocar. Las señales de una burbuja ya están a la vista; ignorarlas sería repetir los errores de otros ciclos energéticos, en los que la euforia por la escasez terminó en una sobreinversión costosa.


