La cosmogonía indígena como escudo de la biodiversidad global

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Leonardo Salazar

Cada 12 de octubre, América Latina conmemora el Día de la Resistencia Indígena, una fecha que consagra a los pueblos originarios como guardianes acérrimos de la diversidad biológica global, gracias a su profunda cosmogonía y visión sagrada de la naturaleza. Frente a la crisis climática y la amenaza de la minería ilegal en territorios como la Amazonía Yanomami, la defensa de la tierra se alza como una batalla urgente por la supervivencia colectiva de la humanidad.

Los pueblos indígenas latinoamericanos juegan un papel fundamental y activo en la preservación de los paisajes naturales. Lejos de ser meros observadores o dejar la naturaleza intacta por azar, su éxito en la conservación radica en su cosmogonía, es decir, su forma de entender el origen y el funcionamiento del universo.

Para las comunidades indígenas, la conservación no es una ciencia aislada o una política de gobierno, sino un imperativo espiritual, social y existencial.

La Tierra no es un recurso explotable sino un ser vivo con conciencia comúnmente llamado Pachamama o Abya Yala. Bajo esta premisa, el ser humano pertenece a la tierra y no al revés, lo que elimina el concepto de propiedad privada destructiva en favor de una custodia colectiva. Esta visión se rige por el principio del Ayni o reciprocidad, que prohíbe la acumulación de excedentes innecesarios y exige pedir permiso espiritual a la naturaleza para mantener el equilibrio. Al entender que todo en el cosmos posee una fuerza vital interconectada, ríos, selvas y montañas son declarados sagrados, funcionando como refugios naturales infranqueables frente a la intervención por un afán de lucro.

Frente al modelo de desarrollo económico ilimitado e insostenible, estas filosofías proponen el «Buen Vivir» (Sumak Kawsay), donde el éxito comunitario se mide por la estabilidad del ecosistema que las sostiene. Un claro ejemplo de esto se encuentra en el concepto yanomami de Urihi, que define a la selva como un organismo vivo dotado de un soplo vital dinámico, donde los animales son parientes y la explotación a gran escala resulta inconcebible.

Gracias a estos sistemas de conocimiento ecológico tradicional, la ciencia global reconoce hoy que los territorios gestionados por pueblos indígenas albergan cerca del 80% de la biodiversidad restante del planeta, demostrando que su cosmogonía es una de las herramientas de conservación más potentes de la historia humana

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