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Julio A. López, editor jefe. – El principal aeropuerto de Venezuela podría dejar de depender de la red eléctrica nacional. Un consorcio venezolano-estadounidense propone construir en apenas nueve meses una central a gas natural de 50 megavatios que abastecería por completo al Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía. La inversión total se estima en 180,9 millones de dólares.
La iniciativa, llamada Proyecto de Independencia Energética, la prepararon en septiembre SAI Group International, SAI Group LLC (con sede en Tomball, Texas) y la plataforma Orinoco Alliance, con Luis Abreu como coordinador. El consorcio la presentó a un fondo internacional de inversión en infraestructura para obtener financiamiento. Por ahora es solo una propuesta: no se ha anunciado ninguna aprobación oficial ni un cierre financiero.
Un aeropuerto golpeado
La propuesta llega en un momento crítico para la terminal. El doble terremoto del 24 de junio, de magnitudes 7,2 y 7,5, dañó los techos y las estructuras del edificio principal y afectó una de sus pistas. Maiquetía permaneció cerrado hasta el primero de septiembre, cuando reanudó los vuelos desde terminales provisionales instaladas en los estacionamientos.
Según el ministro de Transporte, Francisco Garcés, la terminal principal no volverá a funcionar este año, y se espera recuperarla parcialmente en el primer semestre de 2027. Aun así, en su primera semana de reapertura, movilizó a casi 37.000 pasajeros a través de 19 aerolíneas, de las cuales 11 eran internacionales. A eso se suman los apagones que en años recientes han paralizado el terminal y retrasado decenas de vuelos.
Cómo funcionaría
El diseño tiene tres componentes que se construirían simultáneamente. El primero es un gasoducto de 8 pulgadas y 19,5 kilómetros que traería gas desde Tacoa, donde opera el complejo termoeléctrico Josefa Joaquina Sánchez.
Los primeros 4 kilómetros irían elevados sobre estructuras ancladas a la roca para sortear laderas inestables, y los 15,5 kilómetros restantes irían bajo tierra a lo largo del corredor de la avenida La Marina-Soublette. La quebrada Tacagua se cruzaría mediante perforación horizontal dirigida, sin excavar el cauce, y no se requerirían expropiaciones.
El segundo es la planta: dos turbinas aeroderivadas GE LM2500 reacondicionadas a «cero horas» y compradas en el mercado secundario certificado, para evitar esperas de hasta dos años por equipos nuevos. Una funcionaría de forma continua para cubrir la demanda crítica, de entre 20 y 24 MW. La otra quedaría de respaldo y podría asumir toda la carga en menos de 5 minutos. El calor residual se utilizaría para climatizar el terminal.
El tercero es la conexión eléctrica, con celdas de media tensión y un sistema SCADA redundante. La red de Corpoelec quedaría únicamente como respaldo de última instancia.
Cifras y promesas
El presupuesto de construcción asciende a 176,8 millones de dólares, unos 3.537 dólares por kilovatio instalado, con apenas un 3% de contingencia. Los equipos y su flete suman 107 millones, y el gasoducto, 25,1 millones. La operación del primer año costaría 4,1 millones, sin contar el combustible.
Según los promotores, la electricidad que el aeropuerto dejaría de tomar de la red llegaría a entre 12.500 y 16.000 hogares de Catia La Mar y Urimare. También prometen más de 450 empleos durante la obra y 60 permanentes, y aseguran que las emisiones de CO₂ se reducirían a la mitad al dejar de usar diésel.
Además, calculan que una electricidad confiable permitiría sumar entre 15 y 25 vuelos diarios y 1,2 millones de pasajeros adicionales al año.
Las incógnitas
El propio documento admite que el mayor obstáculo serán los permisos del MINEC, del INAC y de Corpoelec, que el consorcio espera tramitar con rapidez antes del cierre financiero. Quedan además preguntas abiertas: cuánto gas hay realmente disponible en Tacoa en un sistema eléctrico frágil, los términos del contrato de suministro, que no se detallan, y cómo encajaría la planta en la reconstrucción oficial del aeropuerto.


