Óscar Reyes Matute
El 26 de diciembre de 1991, el Consejo de las Repúblicas del Soviét Supremo declaró formalmente la disolución de la URSS. Eran momentos de esperanza, cada país del régimen soviético y sus satélites iría por su camino sin el dictamen de Moscú. Como escribió Kissinger en 1994, se trataba de una redistribución del poder mundial, y nadie quería quedarse afuera.
Francis Fukuyama publicó primero un célebre ensayo en 1989 (Is This the End of History?) y posteriormente el libro El fin de la historia y el último hombre (1992). Era un canto al mercado y a la democracia liberal, que iban a ser el destina final de humanidad, no el socialismo de Karl Marx.
Sin embargo, esta corrección a Marx era marxista, era materialista, porque sólo se fijaba en los medios de producción, en los modelos de Estado, y no incluía la espiritualidad y la cultura.
Samuel Huntington, de manera pragmática y realista, le respondió a Fukuyama en 1993 con El Choque de Civilizaciones; el choque ya no sería socialismo vs. capitalismo, sino Islam vs. Civilización Occidental. Y tenía razón.
La reconquista islámica
Los emigrantes islámicos se han regado por toda Europa, y dada su alta tasa de natalidad, están desplazando a los europeos blancos, cristianos o laicos. Con el dinero del petróleo, han creado lobbies, medios de comunicación, todo un soft-power, mientras Irán armaba proxies lejos de sus fronteras: Hamás, Hezbollah, los Hutíes. ¿Su objetivo? Debilitar al Gran Satán (EE.UU) y destruir al pequeño Satán, Israel.
Hace tres años, sonó el llamado, y los palestinos de Gaza invadieron Israel, dejando en su camino 1.200 muertos, y secuestrando a centenares de israelíes. Casus belli.
Si las acciones hubieran funcionado como las tenía preparadas Irán, Israel ya no existiría, e Irán tampoco. Hamas en Gaza, Hezbollah en Líbano, los Hutíes al sur, y finalmente -si Irán alcanzaba la bomba nuclear- llovería fuego sobre Jerusalen y Tel Aviv. Pero no fue así. No atacaron simultáneamente e Israel los fue derrotando uno a uno.
Cuando ya Irán celebraba la bomba, EE.UU. e Israel detonaron sus instalaciones nucleares, destrozaron su aviación, su armada, y bloquearon el estrecho de Ormuz.
Así estamos desde ese 7 de octubre, hace tres años. Tenía razón Huntington.
La reconfiguración mundial
El petróleo del medio oriente es la chispa que lo mueve todo. Putin, enfrascado en su guerra contra Ucrania y Europa, ha sacrificado centenares de miles de vidas, y se ha quedado aislado, en manos de China, que ahora es la segunda potencia del mundo, y dialoga de tú a tú con EE.UU. Rusia ya no le puede vender petróleo ni gas a Europa.
En el mundo entero, las campañas contra Israel son feroces. Pero los judíos no quieren lástima como después del Holocausto: es que no van a permitir otro. Y van a derrotar a quien sea para sobrevivir.
Los países árabes sunitas, pragmáticos, han descubierto que Irán no los va a perdonar si negocian con Israel, porque de hecho los han bombardeado: sus puertos, sus ciudades, sus oleoductos. Irán quiere dominar los lugares sagrados como Medina y a La Meca, que están en Arabia Saudita. Irán es un socio islámico en el que no se puede confiar. Ni para las conversaciones de paz con Israel y EE.UU.
Al ser acusado de genocida en la ONU, Netanyahu dijo:
-Es raro un estado genocida que dona un millón de vacunas para la polio y deja entrar diariamente dos millones de toneladas de suministros para Gaza.
¿Alguien se ha dado cuenta de que Irán, Hezbollah y los hutíes ya no bombarden Israel? Lo que Irán quería originalmente, que todos los cañones de la región dispararan sobre Israel y ellos quedarse afuera, ha ocurrido al revés.
Mejor no… Israel te la devuelve con todo, y es capaz de borrar una casta de generales y ayatolas en cualquier lugar del mundo. Con EE.UU. se puede negociar, porque Trump es un showman y vienen las elecciones del Midterm.
Netanyahu también se tiene que contar, así que puede ocurrir como con Churchill, que ganó la guerra y perdió las elecciones. Mientras, las playas de Tel Aviv siguen pletóricas, como las de Eilat.
Nosotros, en Venezuela, nos habíamos saltado la talanquera, apostanto por Irán, Rusia, China. El 3 de enero, nos trajeron de vuelta a la Civilización Occidental, de donde nunca debimos salir. Sí, hasta a nosotros ha llegado la guerra de hace tres años.
Con esta nueva reconfiguración del poder mundial, ya veremos cómo nos reconfiguramos nosotros y nos reinsertamos en el orden mundial. Petróleo no nos falta, apoyo militar de EE.UU. tampoco. Inversionistas menos. Sólo falta ver si, de la mano del imperio, logramos una transición negociada, de acuerdo a las tres etapas. Habrá que esperar a después de las elecciones del Midterm.
Y todo esto, a partir de una guerra que comenzó hace tres años, y que parecía prevista en las escrituras de Huntington, en su Choque de Civilizaciones.


