Trump, MacArthur, Delcy y María Corina: lo que importa

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Alejandro J. Sucre.- En Venezuela discutimos con pasión lo accesorio. ¿Cuándo regresa María Corina Machado? ¿Qué hará Trump con Delcy Rodríguez? ¿Cómo rescatar el país con los mismos gobernantes que lo llevaron a la pobreza? ¿Cuándo tendremos elecciones, autoridades legítimas y plena soberanía? ¿Cómo pesarán las elecciones de medio término en Estados Unidos? Si vienen el BID y el FMI, aunque sabemos que solo traen más deuda y programas que sostienen burocracias.

Son inquietudes, pero no van a lo medular. ¿Qué proponemos y cómo colaboramos los venezolanos con Trump para que su agenda de atraer inversiones a Venezuela tenga éxito? Esa es la única agenda que Venezuela debe tener hoy: atraer capital privado. Venezuela hoy es un país en terapia intensiva, desahuciado. Solo necesita una inversión: una transfusión de capital. Sin inversión, no sobrevive. Los miembros de partidos, las universidades, los centros de pensamiento, los gremios empresariales, profesionales y sindicales no deben perder tiempo en debates accesorios; solo deben actuar para colaborar en aumentar las inversiones en Venezuela, que está en el quirófano.

Es un espejismo sostener, como hacen los intelectuales, que las inversiones vendrán sólo cuando haya elecciones y autoridades legítimas. En Venezuela ya hay autoridad y es Trump. Como en Japón, las inversiones dependen únicamente de Trump. No dependen de elecciones, ni de legitimidad ni de soberanía. Ni Delcy ni María Corina Machado son hoy, por sí solas, líderes capaces de atraer inversiones al país. Ninguna controla su propia estabilidad, el acceso al sistema financiero estadounidense, la seguridad jurídica ni la paz ciudadana que un inversionista exige antes de comprometer un dólar. Enfrentadas sin árbitro, solo prolongarían la pugnacidad que nos ha hundido. Delcy y María Corina, si quieren aportar, solo deben trabajar en equipo y coordinarse con Trump para hacer posibles las inversiones. Ya Delcy Rodríguez trabaja en equipo con Trump. María Corina debe hacerlo también por el bien de Venezuela y de EE. UU.

El capital no espera un acta electoral. Busca paz, reglas claras y un garante creíble. Hoy Venezuela vive una guerra entre dirigentes políticos. El único liderazgo capaz de garantizar la paz y, a la vez, atraer inversiones es el de Trump. Si no valoramos ni exigimos a Delcy y a María Corina que trabajen de manera coordinada con Trump, perderemos el gran esfuerzo que hacen. Como sociedad, no debemos valorar a Trump según los parámetros que usamos para evaluar a un agente electoral, a un rector universitario o a un dirigente de un jardín de infancia. Lo debemos valorar como a un jefe militar en una batalla o a un cirujano que actúa en terapia intensiva.  

Estamos ante una realidad: dependemos del liderazgo de Trump mientras tenga como agenda atraer inversiones.  Bajo ese parámetro no importa si es el cartel de los soles o quien está en el poder. El liderazgo decisivo de esta etapa lo ejerce Trump. Si él es el jefe del cartel de los soles, ¿por qué les sirve en esta etapa? Pues que lo sea. Como cirujano o jefe militar, Trump decide con quién trabaja, qué tejidos corta y cuándo los corta, y qué es recuperable y que no. Trump hoy es el único con capacidad real para atraer inversiones a Venezuela y sabe que la obstruye y que no.

Trump ha mostrado una visión para Venezuela que ningún líder, democrático ni tiránico, nacional ni internacional, ha ofrecido en 60 años. Su estrategia de acuerdos petroleros fue acertada. Al crearles un competidor a las grandes petroleras, las llevó a decidir su entrada antes de quedarse atrás. Su estrategia de impulsar la producción en Venezuela para depender menos del Medio Oriente y aportar energía a la inteligencia artificial es beneficiosa para ambos países.

Apoyar a Trump no es aplaudir ni ser sumiso. Es reconocer su prioridad, “la inversión”, como nuestra propia. Las inversiones hoy son tan importantes como una transfusión de sangre para un paciente desangrado. 

Trump puede y debe ser más incluyente en la apertura del país a las inversiones, y todos los gremios venezolanos debemos crear y aportar mecanismos para que los venezolanos participen de manera más masiva y organizada en las decisiones económicas que se toman en Washington.  

Machado tiene un papel valioso. Su regreso debe ser un factor de unidad y debe ordenar sus filas y alinear sus prioridades con las que Trump le indique que requiere de ella para atraer inversiones. Ya Delcy Rodríguez lo vienen haciendo. La atracción de inversiones, en coordinación con Washington, debe venir de los líderes oficialistas y de oposición; es su debida vigilancia de los procesos y de las propuestas.

Chile no se convirtió en una democracia estable por decreto. Después de Allende, primero reconstruyó su economía y luego su institucionalidad. No es un modelo en sus métodos, sino una lección sobre la secuencia. 

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