Editorial | Los Babycatters

Durante un siglo, el petróleo fue un club de canas. Para sentarse a la mesa hacía falta haber pasado décadas en el campo, conocer de memoria la viscosidad de un crudo extrapesado y saber negociar con ministros, generales y banqueros. Ese club acaba de ser asaltado. Una generación de inversionistas jóvenes, con más capital que experiencia, irrumpe sin anestesia en la industria venezolana y obliga a los veteranos a hacerse una pregunta incómoda: ¿hace falta saber de petróleo para ganar con el petróleo?

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