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Julio A. López, editor jefe.- El petróleo venezolano vuelve a cruzar el Atlántico con una fuerza que no se veía desde hace dos décadas. Entre enero y agosto de 2026, las refinerías españolas recibieron 2,32 millones de toneladas métricas de crudo procedente de Venezuela. Es la cifra más alta en ese tramo del año desde 2006, cuando se registraron 2,39 millones. Los datos fueron publicados este lunes 5 de octubre por la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (Cores), adscrita al Ministerio para la Transición Ecológica.
Agosto fue el mes más llamativo. Ese mes llegaron 641.000 toneladas, el mayor registro para ese mes desde que arrancó la serie estadística en 1996. Ese volumen representó el 11,2% del crudo importado por España en el mes. Además, colocó a Venezuela como tercer proveedor del país, por delante de Estados Unidos (632.000 toneladas) y solo detrás de Nigeria (1,03 millones) y de México (648.000 toneladas). El contraste con 2025 es total: en agosto del año pasado no entró ni un barril venezolano, porque las sanciones de Washington habían cortado el suministro desde mayo.
Un giro político detrás de las cifras
El repunte se explica por el vuelco ocurrido en Caracas. Tras la captura de Nicolás Maduro por Estados Unidos el 3 de enero, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) emitió licencias generales. Esas licencias suspendieron, de forma provisional, buena parte de las restricciones a Petróleos de Venezuela. En febrero, la Administración Trump autorizó a Repsol, Shell, BP, Eni y Chevron a producir hidrocarburos en el país. Ese mismo mes, cargamentos volvieron a zarpar hacia España tras un año de parón.
Repsol, la pieza clave
Cores no detalla qué compañías importaron el crudo ni a qué precio, pero la mirada se centra en Repsol, presente en Venezuela sin interrupción desde 1993. En abril, la petrolera firmó con el Gobierno venezolano y Petróleos de Venezuela un acuerdo para asumir el control operativo de Petroquiriquire, la empresa mixta en la que posee un 40% frente al 60% de la estatal. El plan contempla elevar la producción un 50% en un año y triplicarla en un trienio, desde los cerca de 45.000 barriles diarios brutos actuales hasta unos 135.000. El pacto incluye mecanismos de cobro, un punto crítico tras años de deudas pendientes. También prevé incorporar los campos de Tomoporo y La Ceiba.
En junio, el consejero delegado, Josu Jon Imaz, firmó en el Palacio de Miraflores un memorando de entendimiento con la presidenta interina, Delcy Rodríguez. El documento abre el estudio de Horcón, un área al sureste del lago de Maracaibo, entre los campos Barúa y Motatán, que ya forman parte de la cartera de la compañía.
Un mercado todavía volátil
El dato de agosto no garantiza una tendencia lineal. Según datos de seguimiento de buques difundidos el 1 de octubre, las exportaciones venezolanas cayeron casi un 9% en septiembre, hasta 1,08 millones de barriles diarios, debido al encarecimiento de los fletes. Los envíos a Europa se desplomaron de unos 260.000 a 86.000 barriles diarios. En cambio, Estados Unidos elevó sus compras hasta 629.000. La producción del país ronda los 1,2 millones de barriles diarios, según cifras comunicadas a la OPEP.
Lo que aún no se puede afirmar
Las estadísticas oficiales confirman el récord, pero no permiten atribuir todo el aumento a Repsol. Tampoco demuestran que proceda de barriles nuevos generados por los acuerdos de 2026; parte podría corresponder a cargamentos de traders o a la salida de inventarios acumulados. Además, no hay constancia de que Horcón se haya incorporado formalmente a la cartera de la petrolera, que, por ahora, lo mantiene en fase de evaluación.
Con todo, el dato refleja que la reapertura del sector petrolero venezolano ya está reordenando los flujos internacionales de crudo y que España ha recuperado protagonismo como destino. Los próximos boletines de Cores y los resultados trimestrales de Repsol dirán si se trata de un pico puntual o del inicio de una relación comercial más estable.


