Óscar Reyes Matute
Venezuela ya eligió, y esta vez sin controversia, nuestra candidata al Oscar 2027. Sin el escándalo de otros años, La Asociación Nacional de Autores Cinematográficos (ANAC) eligió La muerte no tiene dueño, dirigida por Jorge Thielen Armand, para representar a Venezuela en la categoría de Mejor Película Internacional para la 99.ª edición de los Premios Oscar (2027). Le deseamos toda la suerte posible.
Con el cierre del plazo formal de postulaciones para la 99.ª edición de los Premios de la Academia, el panorama de la cinematografía internacional comienza a despejar sus incógnitas.
Para América Latina, el trayecto hacia el Oscar a la Mejor Película Internacional no arranca en los estudios de Los Ángeles, sino en la resonancia crítica cosechada en el circuito de festivales de clase A —Cannes, Venecia, San Sebastián o Morelia— donde 5 obras han validado su relevancia estética e historiográfica.
Revisar las cartas enviadas por la región permite trazar una radiografía del cine latinoamericano contemporáneo: un mapa donde conviven el ajuste de cuentas histórico, la exploración íntima de las rupturas sociales y la depuración del lenguaje autoral.
Entre la treintena de aspirantes hispanoamericanos, cinco títulos destacan por su aplauso crítico y el peso de su paso por las pantallas globales.
En primer lugar, Chile apuesta por El deshielo, el esperado segundo largometraje de ficción de Manuela Martelli.
Tras su aclamado paso por festivales europeos, la cineasta vuelve a sumergirse en la memoria política y afectiva de su país a través de un drama de época asfixiante que explora las tensiones de clase y el aislamiento en los parajes cordilleranos. La precisión en la mirada de Martelli y la dirección de fotografía de Benjamín Echazarreta confirman a Chile como una potencia narrativa ineludible en el certamen estadounidense.
Por su parte, México presenta En el camino, de David Pablos, una producción que desembarca en la carrera tras una sólida trayectoria en el circuito internacional. Pablos articula un visceral relato de carreteras y desolación que examina los márgenes de la violencia y la búsqueda de redención en la geografía fronteriza.
La estética pausada pero incisiva del filme le valió el reconocimiento en foros de prestigio, posicionando a México una vez más en la conversación principal de la Academia.
Desde Paraguay, Marcelo Martinessi retorna a la contienda con Narciso, obra que causó hondo impacto en su recorrido por muestras de Europa y América Latina.
Ambientada en la Asunción de la segunda mitad del siglo XX, la película aborda las fisuras morales, la represión y la belleza clandestina a partir del retrato de una figura enigmática y marginada.
La sutileza compositiva de Martinessi convierte a Narciso en una de las propuestas artísticas más arriesgadas y poéticas de la cosecha regional.
Colombia confía sus opciones a Llueve sobre Babel, de la mano de Gala del Sol, un título que ha levantado encendidos elogios en el circuito festivalero por su aproximación sensorial y alegórica a las heridas del conflicto rural.
Con una puesta en escena de pulso lírico, la cinta logra transformar el trauma social en una meditación universal sobre el despojo y la resistencia familiar, consolidando el vigor del cine colombiano contemporáneo.
Finalmente, Perú inscribe Vino la noche, el virtuoso trabajo del cineasta Paolo Tizón. Tras consagrarse en el Festival de Málaga con el premio a la Mejor Dirección y recorrer muestras en La Habana, Toulouse y Morelia, este ejercicio documental y de ficción explora con agudeza microscópica la disciplina, la pérdida de identidad y la psicología militar en las entrañas de las instituciones armadas.
Su rigor expresivo y el dominio del tiempo cinematográfico sitúan a la propuesta peruana entre las más deslumbrantes del año.
Este quinteto no solo representa la diversidad temática de la región, sino una rotunda madurez formal. Frente a la vorágine de la industria global, el cine latinoamericano vuelve a demostrar que su mayor fortaleza reside en la autenticidad de sus miradas particulares.
La Academia tiene ahora la palabra; el cine de la región, mientras tanto, ya ha ganado su lugar en la historia del año.
